jueves, 6 de agosto de 2015

Tributo a Edsger Wybe Dijkstra

Hoy, 6 de agosto, se cumple 13 años de la desaparición del emérito profesor Edsger Dijkstra.

La ciencia de la computación está llena de términos acuñados por él: display, deadly embrace, semaphores, separation of concerns, goto-less programming, weakest precondition, program derivation, guarded commands, dining philosophers, shortest path... Su influencia resuena en las escuelas de computación.

Prolijo por su concentración y disciplina. Controversial por su discurso liberado de ataduras y convencionalismos, discurso que en muchas ocasiones sacó de sus cabales a políticos, burócratas y hasta profesionales de la computación. Sin embargo, contrariamente a lo que vociferaban los ofendidos, para quien tuvo la suerte de conocerlo personalmente, Dijkstra era cercano, humano, muy humano. Oigamos esta frase pronunciada en las calles de Amsterdam, cuando paseaba tomado de la mano de quien sería su esposa: (hablaban en holandés, quizá esta traducción no sea la mejor) "Quisiera que cuando nos quitemos estos lentes color de rosa a través de los cuales estamos viendo el mundo, cuando descubramos todas nuestras miserias, sigamos sin embargo sintiendo como ahora"

Me tocó la suerte, por allá en un verano de los 80tas, de convivir por unos 20 días con él, en la universidad de California en Santa Cruz. Una noche Dijkstra se sentó ante un piano y comenzó a tocar Mozart; le costaba un poco cambiar las páginas de la partitura y me hizo señas para que lo ayudara. ¡Ni idea!... o bueno, para no ser tan exagerado, mi madre tocaba piano y la oí hablar de la clave de fa y la de sol, pero creo que eso no me serviría de nada aquí... Pero ahí estaban unos ojos, bajo unas desordenadas pestañas. Cuando ese bloque de azules, amarillos y mostazas se movía como pidiendo auxilio, yo cambiaba la página rápidamente y Mozart continuaba como si nada.

Es éste mi pequeño tributo al mayor genio de la computación, al perfeccionista, al Humble Programmer, al cien veces criticado por sus colegas y coterráneos, y a quien se le va concediendo razón en todo lo que parecían sus exageraciones.

Dijkstra fue también famoso por sus frases; citemos sólo una, de las últimas: "Si alguna vez, como programador, sientes que estoy mirando por encima de tu hombro y te dices: --a Dijkstra no le hubiera gustado esto, eso sería suficiente inmortalidad para mí”.